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    diciembre 17, 2004

    Posmodernidad y desorientación

    Leía el miércoles en la peluquería, un artículo de Joseba Arregui (pdf, 6.0) sobre mi tema favorito: la desorientación del ciudadano de a pie, frente a la complejidad de la era posmoderna (la que vivimos, vaya). Como tenía la seguridad de que Miguel Moliné lo recogería en su tesoro del conocimiento, me ahorro la dificultad del link de pago, y extraigo tres pedrusquitos, para los reacios al pdf.
    Primera, que a la religión se la está combatiendo con más religión (laica en este caso):
    A todo lo cual habría que añadir que a la retórica de Bush de guerra entre el bien y el mal, de comprensión misionera de la democracia, basada en referencias religiosas, no sólo se le opone una visión secularizada de la política, sino una política basada en la convicción de haber encontrado la verdad absoluta, la legitimidad ética definitiva: la laicidad elevada a creencia laicista, a laicismo como religión, con sus dogmas, sus ortodoxias y sus tenedores y gestores. A estas alturas del desarrollo de la cultura moderna, no terminamos de interiorizar que ésta se compone de contradicciones que hacen imposible una lectura unilateral de la misma.

    Segunda, que el modelo americano es tan factible como el europeo para afrontar la era posmoderna:
    Pero el reparto al que nos estamos habituando al afirmar que Europa es moderna, mientras que la sociedad de EE UU es reaccionaria, que aquí se mantienen los valores de la Ilustración mientras que la política norteamericana ha caído presa de criterios pre-ilustrados, es en sí misma una verdad simple que ayuda a orientarse en un mundo complejo, pero sin facilitar en nada la búsqueda del equilibrio necesario entre exigencias contrapuestas. Tanto la reacción de la mayoría de la sociedad norteamericana como los planteamientos de la mayoría de europeos son dos formas modernas de responder a las contradicciones de la cultura moderna. Como ha subrayado un análisis de la revista The Economist, Bush ha obtenido la mayoría de los votos en los Estados más dinámicos, en las zonas urbanas más dinámicas de cada uno de ellos y en los suburbios de la clase media ascendente, mientras que los apoyos de Kerry se encuentran en los Estados y en las zonas que pierden población, están estancadas económicamente y tienen menos futuro. Bush ha ganado en el tramo de ciudadanos que poseen entre un millón y 10 millones de dólares de patrimonio, mientras que Kerry ha ganado entre quienes poseen más de 10 millones de dólares.

    Tercera, que la ortodoxia unilateral de la derecha y la izquierda es una simplificación que nos facilita la vida, pero no nos sirve para aprehender la complejidad del mundo en que vivimos:
    Innovación, competencia brutal de mercado con toda su inseguridad, apertura al futuro, pero todo ello basado en la seguridad de unos valores morales indiscutibles: el equilibrio norteamericano. La seguridad del Estado de bienestar, inmovilidad de estructuras laborales y sociales, incluidas las educativas (especialmente en el mundo universitario), miedo al riesgo junto con la creencia de que la seguridad internacional está, en cierto modo, garantizada: el equilibrio europeo. Ambas perfectamente acordes con la contradicción de la modernidad. [...] Porque las ortodoxias, de derecha o de izquierda, le obligan a alinearse en una interpretación unilateral de la modernidad, le obligan a entenderla de manera lineal y no como contradicción, y le impiden realizar el esfuerzo de buscar humildemente el equilibrio necesario entre exigencias contrapuestas, sabiendo que existen distintas formas de alcanzarlo y que el núcleo de la democracia radica en gestionar la convivencia de esas diferencias.

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