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    marzo 04, 2012

    La manifestación de los emprendedores


    Escribe Eduard Punset:

    «Soy funcionaria; no voluntaria», rezaba una pancarta solitaria de una manifestante contra los recortes sociales. [...] Con motivo de los recortes la carnicera, la empleada en la tienda de camisetas, la empleada de banca, la sindicalista, el maestro y el médico perdieron todos su puesto de trabajo. Al sueldo de la «funcionaria, pero no voluntaria» se le aplicó un recorte. Hay tantas manifestaciones a las que acudir que apenas me queda tiempo para ir a la última. ¿A cuáles irían mis lectores?

    Mi pancarta rezaría: "Soy emprendedor; no funcionario". Algunos me llamarían empresario, yo me siento más cerca de ser voluntario. No estoy aquí para enriquecerme, sino para sentir que puedo cambiar el mundo. Mi mundo. Sólo con sentirlo mientras lo intento, me conformo. Y así, de paso, me protejo contra la desazón del fracaso.

    Y ya que Punset lo pregunta, yo me explayo. A mí me gustaría acudir a la manifestación de los que quieren cambiar el mundo: emprendedores o "imprendedores". Una para la que se exigiría carnet de entrada. En sus filas sólo podrían encontrarse a aquellos que acrediten voluntad y práctica real. Una manifestación a la que acudirían:
    - Sólo algunos emprendedores. Los que sueñan con cambiar algo concreto, nimio, sin apenas importancia. Porque no les gusta y creen que pueden ayudar en ese pequeño detalle. Los que se ponen metas reales no grandilocuentes. Los que sueñan con una gloria en la que los otros hablarán de la mejora, no del que posibilitó la mejora. Un emprendedor que no sueña con aparecer en la Wikipedia y prefieren que un día alguien les diga: "gracias por intentarlo, macho, te lo agradezco en el alma".
    - Sólo algunos funcionarios. Los que plantan cara a sus colegas cuando les preguntan: "oye, ¿tú por qué trabajas tanto? ¿Nos quieres hacer quedar mal ante los jefes? Baja el ritmo o tendrás problemas aquí". Los funcionarios que no se conforman con el "esto no lo cambia nadie" y lo intentan día a día. Los que se avergüenzan de sus compañeros aprovechados y creen que los recortes son un robo, igual que es un robo percibir un salario por no dejarse la piel cada día. ¿Quién puede tener más motivos para dejarse la piel que el que recibe una nómina vitalicia para trabajar por el bien común?
    - Sólo algunos de los indignados del 15-M. Los que que realmente quieren cambiar el sistema y trabajan para ello. No podrían asistir los que sólo saben pintar y gritar soflamas, y siguen trapicheando cuando pueden, ignorando a sus vecinos y a los que tienen alrededor con su cuidada estética de perroflauta y su "que lo arreglen otros mientras yo voy tirando". Sólo podrán asistir a la manifestación los que piensan en soluciones alternativas viables dentro del sistema, para personas que no están dispuestas a seguir siendo manipuladas por los mismos que también se sienten manipulados. Como algunas de las cooperativas que están naciendo de las asambleas. A la que podrían acudir, los pocos que más que escribir una pancarta contra el empresario corrupto, está dedicando horas de trabajo real a pensar en cómo llevarle ante los tribunales.
    - Sólo algunos empresarios. Los que comprenden, aunque sea de forma egoísta, que no se puede cambiar el mundo ninguneando a los trabajadores, dándoles razones para asociarse a un sindicato y renegar de la casta de los empresarios. Un empresario que no reza a los dioses "de la obra", mientras vigila su cuenta bancaria y no tienen el mínimo reparo en liquidar a otros de su especie que se le interponen delante. Un empresario que cree, como Steve Jobs, Jack Welch, Eleuthère Irénée du Pont o Henry Brian, que uno no monta una empresa para hacer una gran fortuna, sino para ayudar a la humanidad a ampliar sus horizontes y a dar saltos cuánticos en la forma que usamos la tecnología (y casi ineludiblemente, crear en paralelo una gran fortuna personal).
    - Sólo algunos profesores. Los que están en Twitter, porque creen que es su obligación como educadores de la generación digital. Los que se enfrentan a la dirección del colegio, para intentar que los niños aprendan a aprender y a discernir, en lugar de embutirse las lecciones para vomitarlas después en exámenes que cada vez reflejan menos los retos del presente. Los que no repiten las mismas lecciones año tras año, ni obligan a los padres a acudir a las 11.00h de la mañana, porque no quieren prolongar una hora de su jornada laboral, siquiera un día al año.
    - Y por último, sólo algunos políticos. Bueno, quizá muy, muy pocos políticos.

    Pero seamos serios. Creo que es utópico pensar en una manifestación tal con cartel de "reservado el derecho de admisión". Así que me ahorro ir a movilizaciones en las que codearme con gente que gusta de gritar soflamas contra políticos, empresarios, funcionarios o indignados mientras siguen trapicheando, pidiendo que les arreglen el despido, que les paguen en negro, que se ahorren la factura con IVA, cogiendo folios y material de oficina cuando no les ven, arreglando papeles falsos para obtener puntos para las guarderías públicas, ... Y todos muy cabreados con Urdangarín. Me ahorro acudir a manifestaciones en las que habrá muchos de los que gritan y casi nadie de los que ponen manos a la obra para cambiar el cercano mundo que les rodea y no ese mito llamado humanidad.

    Así que me ahorro las manifestaciones y escribo posts como éste, sólo cuando mis obligaciones de emprendedor me lo permiten. Ese tipo de emprendedor que lleva 10 años contando el dinero que le queda en el banco pero sólo para saber si tiene que ponerse ya a buscar un empleo por cuenta ajena ante el inminente final del ahorro. Y que nunca se para demasiado tiempo a calcular las pérdidas que su ignominia le ha reportado respecto al hipotético sueldo de consultor de multinacional que dejó atrás.

    A + a +:
    - Emprendo por cabezonería, entrevista que me hizo en la Vanguardia mi buen amigo Luis Izquierdo.

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