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    noviembre 06, 2004

    Contemplaciones

    Son las nueve de la mañana. Lago de la Casa de Campo. Paseo mi vista por encima del agua, sobre un horizonte vestido de skyline madrileño: plaza de España, Bailén, Palacio de Oriente, Almudena. El velo compuesto de contaminación y neblina matinal proporciona el toque de irrealidad que la escena necesita. La escena debería responder (pero falla) a las preguntas siguientes: ¿ por qué la vida ha de ser un tráfago continuo y miserable debido a la subsistencia? ¿Por qué el maná no cae del cielo, y el humano es así una simple nota contemplativa al margen? ¿Por qué no se mantuvo el Jardín del Edén, o en su defecto una sucia copia en versión parque urbano? El debate transcurre en los términos familiares ya para mí: ¿podría ser un hombre feliz en un jardín tal? Parece con los datos que poseo en mi mano, que no, pero, ... lo más probable es que lo imposible sea averiguarlo, estando ya como están nuestros cerebros acostumbrados a las complejidades y artificios.
    -No vale con observar, necesito narrar-, digo yo.
    -Claudio Fernández compuso El don de la ebriedad de memoria, sin necesidad de escribirlo-, responde Critilo.
    -¿Qué haríamos sin poder escuchar a Mozart?-, replico.
    -Innecesario ante el sonido y el silencio propios de una naturaleza afable con nosotros-, responde Critilo.
    -¿Es eso cierto?, ¿es la naturaleza superior al mayor de los refinamientos o creaciones humanas? No way.
    -No se debe plantear así, sino desde el primitivismo de John Zerzan. La civilización ha traído en el mismo envoltorio el Bien y el Mal. Ha creado a Mozart, y el holocausto nazi. Si para ser felices, buscamos erradicar el Mal del mundo, tendremos necesariamente que socavar el Bien: el Arte, lo Humano.
    -¿Es preferible un hombre inerte y contemplativo a un ser pasional que goza y sufre, que mientras eyacula padece? Es preferible un hombre simple, bueno y feliz a un hombre cruel o caritativo, en función de la hora del día. ¿Es la planificación preferible al capricho? Mi espíritu me dice que no.
    -Lo planteas todo desde la altura de siglos de civilización. Y no sabes retrotraerte al inicio de los tiempos. Una persona (sujeto) siente o padece porque se le ha puesto al alcance un objeto a tal efecto. Hablamos de un sentimiento de gozo supremo derivado de una sola acción y un solo objeto: la contemplación de la naturaleza.
    -Dudo-, replico deseando terminar la conversación ante la premura de tiempo.
    -Terminemos pues-, dice Critilo.
    -Pues terminemos.

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